¿Qué siente un perro o un gato cuando pierde a su compañero? Cómo ayudar a una mascota durante el duelo

Cuando dos perros, dos gatos o incluso un perro y un gato han compartido durante años la misma casa, sus vidas pueden llegar a estar profundamente conectadas.

Comparten espacios, rutinas, momentos de descanso, juegos, paseos, comida y, sobre todo, una presencia constante.

Por eso, cuando uno de ellos fallece, el otro puede notar que algo ha cambiado.

Puede buscarlo por la casa, dormir en su lugar habitual, comer menos, maullar o ladrar más, estar más pegado a sus dueños o, por el contrario, aislarse y pasar más tiempo escondido.

¿Está pasando por un duelo?

No podemos saber exactamente qué piensa o siente un perro o un gato, porque no puede explicárnoslo. Sin embargo, los veterinarios y especialistas en comportamiento animal han observado que muchos animales presentan cambios significativos de conducta después de perder a un compañero con el que tenían un vínculo estrecho.

Por eso, aunque no podamos afirmar que experimentan el duelo exactamente igual que una persona, sí podemos reconocer que la pérdida de un compañero puede afectarles y que necesitan tiempo para adaptarse a una nueva realidad.


¿Los perros y los gatos saben que su compañero ha muerto?

Esta es una de las preguntas más difíciles de responder.

No sabemos hasta qué punto un perro o un gato comprende la muerte como un acontecimiento definitivo, ni cómo interpreta exactamente la ausencia de otro animal.

Lo que sí sabemos es que los perros y gatos establecen vínculos sociales y que dependen de determinadas personas y animales para sentirse seguros y mantener sus rutinas.

Cuando uno de esos miembros desaparece, cambia la estructura social y también cambia el entorno cotidiano.

Puede desaparecer de repente:

  • El compañero con el que dormía.
  • El animal con el que jugaba.
  • El compañero que lo seguía por la casa.
  • Una determinada rutina de alimentación.
  • Los paseos compartidos.
  • Los sonidos y olores habituales.
  • La presencia que encontraba al levantarse o al volver a casa.

Todo ello puede generar estrés y desorientación.

Además, perros y gatos son sensibles a los cambios emocionales y de rutina de las personas que viven con ellos. Si toda la familia está triste, llora más o modifica sus horarios después de la pérdida, el animal también puede percibir que algo ha cambiado.


¿Cómo saber si mi mascota está afectada por la pérdida?

No existe una única reacción.

Cada animal responde de una manera diferente y algunos apenas muestran cambios visibles, mientras que otros modifican considerablemente su comportamiento.

Entre las señales que pueden aparecer están:

1. Come menos

La pérdida del compañero puede provocar una disminución del apetito.

Algunos animales incluso estaban acostumbrados a comer cerca de su compañero y pueden notar especialmente su ausencia durante las comidas.

Una reducción del apetito no debe atribuirse automáticamente al duelo, especialmente si es intensa o prolongada.


2. Duerme más

Es posible que un perro o un gato pase más tiempo durmiendo o descansando.

También puede cambiar el lugar donde duerme.

Puede volver repetidamente al lugar que utilizaba junto a su compañero o buscar espacios que anteriormente compartían.


3. Busca a su compañero

Esta es una de las conductas que más impresionan a las familias.

El animal puede recorrer la casa, mirar determinadas habitaciones, acercarse a la puerta, permanecer en lugares donde solía estar su compañero o volver repetidamente a su cama.

Algunos animales parecen esperar que el otro vuelva.

Este comportamiento puede formar parte de la respuesta de adaptación a la ausencia.


4. Se vuelve más dependiente de la familia

Algunos perros y gatos buscan más contacto con las personas después de perder a su compañero.

Pueden seguir a sus propietarios por la casa, buscar más caricias, dormir más cerca de ellos o mostrar mayor dificultad para quedarse solos.

La pérdida puede hacer que busquen en sus humanos parte de la seguridad que anteriormente encontraban también en su compañero.


5. Se vuelve más silencioso o retraído

No todos los animales buscan compañía.

Otros reaccionan exactamente al contrario.

Pueden:

  • Esconderse.
  • Interactuar menos.
  • Jugar menos.
  • Mostrar menos interés por las actividades habituales.
  • Permanecer durante mucho tiempo en determinados lugares.

En los gatos, esconderse más de lo habitual puede ser especialmente llamativo, ya que son animales que frecuentemente expresan el estrés mediante cambios sutiles de comportamiento.


6. Cambia su vocalización

Un perro puede ladrar o aullar más.

Un gato puede maullar con mayor frecuencia.

Pero también puede ocurrir lo contrario: animales que habitualmente vocalizaban mucho pueden quedarse más silenciosos.

Los cambios en las vocalizaciones se han descrito tanto en perros como en gatos después de perder a un compañero.


7. Pierde interés por jugar

Un animal que antes esperaba con entusiasmo el momento del juego puede mostrar menos interés.

Puede traer menos juguetes, no querer salir a pasear o abandonar rápidamente actividades que antes disfrutaba.

No significa necesariamente que haya dejado de disfrutar de ellas para siempre.

Puede simplemente necesitar tiempo para adaptarse.


¿Los perros sienten la pérdida de forma diferente a los gatos?

Cada individuo es diferente, pero existen algunas tendencias.

Los perros

Los perros suelen tener una fuerte dependencia de las rutinas sociales.

Si perdían a un compañero con el que compartían paseos, juegos o descanso, pueden notar inmediatamente la ausencia.

Algunos se vuelven más cariñosos y buscan constantemente a sus propietarios.

Otros pueden mostrarse más apagados, dormir más, comer menos o perder interés por jugar.

También puede aparecer ansiedad cuando se quedan solos.


Los gatos

Los gatos pueden expresar la pérdida de una forma mucho más discreta.

Un gato afectado puede:

  • Esconderse más.
  • Dormir más.
  • Comer menos.
  • Jugar menos.
  • Vocalizar de forma diferente.
  • Buscar al compañero.
  • Cambiar sus lugares habituales de descanso.
  • Buscar más contacto con determinadas personas.

En ocasiones, la familia puede interpretar estos cambios simplemente como que “el gato está raro”.

Por eso es importante observar su comportamiento cotidiano y prestar atención a cambios que antes no existían.


El duelo no es la única explicación

Este punto es especialmente importante.

Si una mascota deja de comer, se esconde, duerme demasiado o cambia repentinamente de comportamiento después de la muerte de su compañero, no debemos asumir automáticamente que todo se debe al duelo.

El estrés puede producir cambios de comportamiento, pero algunas enfermedades también pueden comenzar precisamente con síntomas muy parecidos.

Por ejemplo, una pérdida de apetito puede tener numerosas causas médicas.

Lo mismo ocurre con:

  • Letargo.
  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Cambios en la micción.
  • Pérdida de peso.
  • Dolor.
  • Dificultad respiratoria.
  • Cambios importantes de comportamiento.

Por eso, ante síntomas intensos, persistentes o preocupantes, es recomendable consultar con el veterinario. Los especialistas en comportamiento veterinario también pueden ayudar cuando los cambios emocionales o conductuales son importantes.


¿Cómo puedo ayudar a mi mascota después de perder a su compañero?

La mejor ayuda no consiste necesariamente en hacer grandes cambios.

Muchas veces, lo que más necesita el animal es seguridad, estabilidad y tiempo.

Mantén sus rutinas

Intenta mantener horarios relativamente estables para:

  • Comidas.
  • Paseos.
  • Juegos.
  • Descanso.
  • Salidas de casa.
  • Hora de dormir.

La previsibilidad puede ayudar al animal a recuperar sensación de seguridad después de una alteración importante en su entorno.


Dedícale tiempo, pero respeta su personalidad

Si tu perro quiere estar contigo, acompáñalo.

Si busca caricias, dáselas.

Si quiere jugar, juega con él.

Pero si tu gato necesita esconderse durante un rato, no es necesario obligarlo a salir constantemente.

El objetivo no es conseguir que “se anime” inmediatamente.

Es hacerle saber que sigue teniendo un entorno seguro.


Recupera poco a poco las actividades que disfrutaba

Los paseos pueden ser especialmente útiles para los perros.

Salir, olfatear, explorar nuevos lugares y mantener actividad física puede ayudarles a recuperar progresivamente sus rutinas.

En los gatos pueden funcionar:

  • Juegos cortos.
  • Juguetes interactivos.
  • Rascadores.
  • Espacios elevados.
  • Ventanas desde las que observar el exterior.
  • Momentos tranquilos junto a su propietario.

La estimulación y el enriquecimiento pueden ayudar a que el animal vuelva poco a poco a sus actividades habituales.


¿Debo dejar que mi mascota vea a su compañero fallecido?

Es una cuestión delicada y no existe una respuesta universal.

Algunos especialistas consideran que, en determinadas circunstancias, permitir que el animal tenga una última oportunidad de acercarse y explorar el cuerpo de su compañero puede ayudarle a procesar la ausencia.

Sin embargo, esto depende mucho de las circunstancias de la muerte, del estado del cuerpo, del comportamiento del animal y de las condiciones en las que se produzca la despedida.

No debe forzarse nunca al animal.

Si la familia se plantea esta posibilidad, puede consultar previamente con su veterinario o con el profesional encargado del servicio funerario.

Lo importante es entender que no existe obligación de hacerlo para que el animal pueda adaptarse posteriormente a la pérdida.


¿Debo quitar inmediatamente todas las cosas del animal que ha fallecido?

Tampoco es necesario.

No existe una regla según la cual haya que retirar inmediatamente la cama, juguetes, mantas o comederos.

De hecho, hacerlo todo de golpe puede suponer todavía más cambios para el animal que permanece en casa.

Puede ser preferible realizar las modificaciones progresivamente.

Si todavía busca la cama de su compañero, puede ser razonable mantenerla durante un tiempo y observar cómo reacciona.

Cada familia y cada animal encontrarán su propio ritmo.


¿Es buena idea adoptar inmediatamente otra mascota?

Esta es una de las preguntas más frecuentes.

Y normalmente no conviene tomar la decisión precipitadamente.

La llegada de un nuevo animal supone un cambio importante y puede ser una fuente adicional de estrés para la mascota que permanece en casa.

Especialmente en gatos, introducir inmediatamente un nuevo compañero puede no ser bien recibido si todavía están adaptándose a la pérdida.

Además, una nueva mascota no debería utilizarse como una forma de “sustituir” a la que ha fallecido.

Un nuevo animal tendrá su propia personalidad y necesitará establecer su propio vínculo con la familia.

Si con el tiempo consideras que tu mascota se beneficiaría de tener compañía, puede ser conveniente hablar previamente con un veterinario o especialista en comportamiento.


¿Cuánto dura el duelo de un perro o un gato?

No existe un calendario universal.

Algunos animales recuperan sus rutinas relativamente rápido.

Otros necesitan más tiempo.

La duración puede depender de factores como:

  • La intensidad del vínculo.
  • El tiempo que llevaban viviendo juntos.
  • La personalidad del animal.
  • Su edad.
  • Los cambios producidos en la familia.
  • El cambio de rutinas.
  • Su estado de salud.
  • Las circunstancias de la pérdida.

Por eso no es recomendable pensar que un perro o un gato debería estar “bien” después de unos días concretos.

La adaptación es progresiva.


¿Cuándo debería preocuparme?

Aunque algunos cambios sean compatibles con una respuesta de pérdida, existen situaciones en las que es importante consultar con un veterinario.

Presta especial atención si tu mascota:

  • Deja de comer.
  • Bebe mucho menos o mucho más de lo habitual.
  • Pierde peso.
  • Tiene vómitos o diarrea.
  • Presenta dificultad para respirar.
  • Tiene problemas para orinar.
  • Está extremadamente apática.
  • Parece tener dolor.
  • Presenta cambios neurológicos.
  • Desarrolla agresividad intensa.
  • Se hace daño a sí misma.
  • Mantiene durante mucho tiempo cambios importantes de comportamiento.

En especial, un gato que deja de comer no debería considerarse simplemente “triste” sin valoración veterinaria.

Los problemas médicos y los problemas emocionales pueden coexistir, y una revisión veterinaria permite descartar causas físicas antes de atribuir los cambios exclusivamente al duelo.


También tenemos que cuidar nuestro propio duelo

Hay algo que a veces se olvida.

La mascota que permanece en casa no es la única que está sufriendo.

La familia también está atravesando una pérdida.

Y eso puede hacer que resulte especialmente difícil observar que nuestro otro perro o gato también ha cambiado.

Los animales pueden percibir nuestras emociones y los cambios de rutina que acompañan al duelo familiar.

Por eso, cuidar de nuestra mascota también significa intentar mantener unas rutinas básicas aunque nosotros mismos estemos pasando por un momento muy difícil.

No hace falta esconder la tristeza.

Pero sí puede ser positivo seguir ofreciendo al animal momentos de tranquilidad, contacto y normalidad.


Una nueva rutina no significa olvidar

Quizá este sea el aspecto más importante.

Después de la muerte de un compañero, la casa puede sentirse extraña.

Falta un animal que durante años formó parte de la vida cotidiana.

El perro puede seguir esperando que aparezca durante el paseo.

El gato puede seguir entrando en la habitación donde dormía.

Durante un tiempo, determinadas rutinas pueden recordar constantemente su ausencia.

Pero poco a poco, el animal que permanece en casa puede construir una nueva rutina.

No significa que haya olvidado a su compañero.

Significa que está aprendiendo a vivir en un entorno que ha cambiado.


Cómo acompañar a tu mascota durante este proceso

No existe una fórmula exacta.

Pero sí hay algunas ideas que pueden ayudar:

Mantén sus rutinas.

Los horarios conocidos aportan seguridad.

Observa su comportamiento.

Los pequeños cambios pueden decir mucho.

Dedícale tiempo.

Paseos, juegos, caricias o simplemente estar juntos pueden ser importantes.

No fuerces la interacción.

Especialmente con los gatos, respeta los momentos en los que necesitan tranquilidad.

No tengas prisa por sustituir al compañero que ha fallecido.

Una nueva mascota debe llegar cuando la familia y el animal estén preparados.

Consulta al veterinario ante cambios importantes.

No todo lo que parece tristeza es necesariamente duelo.

Dale tiempo.

La adaptación a una pérdida no tiene un calendario exacto.


La despedida también puede formar parte del proceso

Cuando una mascota fallece, la familia necesita decidir cómo quiere despedirse.

Y esa despedida no tiene por qué ser únicamente para las personas.

Si en casa queda otro animal que compartió años con el fallecido, también es importante tener en cuenta cómo se verá afectada su rutina y cómo acompañarlo durante los días posteriores.

Una despedida tranquila, una huella, una fotografía, una urna o cualquier otro recuerdo pueden ayudar a la familia a conservar la memoria de ese compañero.

Pero no existe una única manera correcta de despedirse.

Cada familia tiene su propia historia y cada animal deja una huella diferente.


Cuando dos animales han compartido una vida, la ausencia también forma parte de su historia

Perder a una mascota cambia muchas cosas dentro de una familia.

Y cuando había otro perro o gato en casa, ese cambio también puede afectar profundamente a su compañero.

Puede que durante unos días busque al animal que ya no está.

Puede que duerma más.

Puede que quiera estar continuamente contigo.

Puede que, por el contrario, necesite estar solo.

Todas esas respuestas pueden formar parte de su proceso de adaptación, pero siempre debemos observar su estado general y consultar al veterinario cuando los cambios sean intensos, persistentes o preocupantes.

Lo más importante es ofrecerle aquello que más necesita después de una pérdida: seguridad, estabilidad, compañía y tiempo.

Porque aunque no podamos saber exactamente qué entiende un perro o un gato sobre la muerte, sí sabemos que los vínculos importan y que la ausencia de un compañero puede cambiar su mundo cotidiano.

Y cuando ese mundo cambia, nuestra presencia puede ayudarle a encontrar poco a poco una nueva normalidad.